Sueños con karaoke

Sueños con karaoke

El término karaoke se acuñó hace tiempo en Japón, para designar aquella actividad en la que cualquier persona canta una canción acompañado de una pista musical. A fin de que al participante no se le olvide la letra, cuenta con un monitor ubicado al frente de su posición.

Los expertos aseguran que los sueños con karaoke muestran peculiaridades sumamente positivas, puesto que al estar cantando en un escenario, tú eres el protagonista de la situación.

Después de despertar de una siesta en la que viviste esta experiencia, te sentirás cargado de energía y ninguna cosa que suceda a tu alrededor hará que pierdas la alegría. A veces el significado de los sueños también aborda el lado contrario de lo que sucedería en el mundo real. Quiero decir que si a menudo sueñas con que tú eres el único que canta en el karaoke, ilustra que necesariamente requieres socializar más, puesto que faltan amigos en tu vida.

Tal vez eres una persona introvertida, a quien sólo le preocupa el mundo visto desde una óptica personal. No obstante, jamás olvides que el mundo está lleno de personas valiosas y puede que en alguna ocasión requieras del apoyo de alguna de ellas.

Dependiendo del tipo de canción que te veas interpretando en el sueño con karaoke, será la manera en que te levantes. Por ejemplo, si estabas cantando una canción alegre, despertarás con una gran sonrisa en los labios. En cambio, si las notas de aquella melodía eran tristes, la melancolía se apoderará de ti aunque sea por unos cuantos instantes.

Para cerrar esta entrada, nos gustaría decir que hay veces en las que el soñador se siente eufórico al estar cantando en un karaoke. Supongamos que comienza la canción y las personas que están frente al escenario empiezan a corear tu nombre. Y no sólo eso, sino que algunas de ellas suben a la tarima con la intención de tocarte. Según la interpretación de los sueños, eso simboliza que inconscientemente deseas convertirte en una persona popular, ya sea en tu entorno escolar o laboral.

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La dientona

Con respecto al mito de La dientona, podemos hallar distintas leyendas dependiendo de la zona de Venezuela en la cual te encuentres.

Para comenzar, vamos a referirnos al lugar de donde nacer la mayor cantidad de leyendas. En el llano venezolano se comenta que la dientona es una mujer que se puede conseguir en los camino desolados –muy parecido a la sayona- con la diferencia de que esta mujer posee una hermosa voz y un cuerpo muy atractivo. En el momento, la mujer pide a los hombres que la acompañen hasta su casa. Ellos muy inocentes de lo que ocurre, se dejan seducir por sus encantos y la acompañan hasta que se encuentran en el cementerio más cercano de la zona -lugar en el cual suele habitar este espanto-. Al llegar aquí, esta mujer les muestra el rostro, en el cual se puede apreciar una gran cantidad de dientes afilados. Por esto los hombres huyen despavoridos pero sin mayor éxito.

Otra vertiente del mito de La dientona es proveniente de la región capital. Se rumora que en las cercanías del cementerio del sur en Caracas, en las noches más oscuras, se puede ver por las calles solitarias adyacentes al cementerio a una mujer de una hermosa y abundante cabellera con la cual oculta su rostro. Y los hombres incautos que no saben de la existencia de este espíritu se dejan seducir por la voz y el exuberante cuerpo de esta joven que los lleva a las profundidades del cementerio y sin darse cuenta los devora, quedando en el aire sólo el último grito de estos hombres deseosos de pasar la noche con una hermosa mujer.

Los orígenes de este mito de miedo son desconocidos, pero se rumora que es una especie de espíritu burlón cuyo único objetivo es atemorizar a los habitantes de la región.

La dientona

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Cuento de terror el muñeco del médico

Cuento de terror el muñeco del médico

A veces las personas buscan métodos alternativos para curar sus males, ya sea porque la medicina tradicional no les ha ofrecido una pronta solución o simplemente por cuestiones económicas, dado que otras técnicas son mucho más asequibles. El meollo del asunto reside en que muy poca gente ha escuchado las leyendas de terror que se pierden en torno a la acupuntura.

Esta práctica nació en el continente asiático, como una cura natural a un sinfín de problemas. Desde dolor de estómago, hasta reumatismo severo. En fin, el propósito de esta historia no es hablar de los pros y contras de este método curativo, sino enfocarme en las leyendas de terror que ocurrieron en el consultorio del doctor Onofre Rodríguez.

Se decía que ese médico era reconocido por hacer que sus pacientes se sintieran bien desde la primera sesión. A pesar de eso, había quienes aseveraban que aquellos que no querían pagarle sus honorarios al galeno, repentinamente se veían envueltos en una serie de circunstancias extrañas.

Por ejemplo, hubo un paciente que al subirse a su auto, se estrelló contra un poste de energía eléctrica y quedó en estado cuadripléjico. Otro de ellos quedó ciego a los pocos días de haber asistido a la consulta del médico Rodríguez.

Los casos en los que su sanatorio se vio involucrado en desgracias que le ocurrían a terceras personas, fue creciendo hasta que los medios de comunicación difundieron la nota de forma local.

Al percatarse de eso, las autoridades competentes organizaron una redada en la clínica de Rodríguez. Los oficiales quedaron boquiabiertos al descubrir que en un cajón cerrado con llave, se encontraban al menos 28 muñecos de tela con los nombres de los pacientes que habían tenido alguna clase de altercado con el doctor Rodríguez.

Llamaba la atención que a varios les faltaba un brazo o una pierna, aunque la gran mayoría tenía alfileres clavados por distintas partes del cuerpo. Éstas coincidían de manera inequívoca con las lesiones que sufrieron los desafortunados que fueron atendidos por aquel galeno.


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Cuento de terror la agencia de automóviles

Cuento de terror la agencia de automóviles

Cindy caminaba por una transitada avenida en la que había una librería de cuentos de terror, un supermercado, una pastelería y hasta una agencia de automóviles.

La música que provenía del local de coches, hizo que se detuviera a mirar la publicidad. En los aparadores había carteles que describían a detalle las promociones que tenían para aquellas personas que desearan comprar uno nuevo carro. Además, un payaso de aspecto extraño (que por cierto, su vestimenta combinaba más con el expendio de cuentos de terror que con la de los coches pero en fin) que repartía trípticos.

Cindy entró al establecimiento, ya que pensó que al poseer un automóvil ahorraría mucho tiempo no solamente para la escuela, sino también a su trabajo. Apenas había ingresado cuando el arlequín se le acercó y le extendió la mano para que ésta lo saludara.

A pesar de eso, la joven siguió de largo, cuestión que molestó muchísimo al payaso. Lo que éste ignoraba era que ella les tenía miedo a los mimos y payasos desde muy pequeña, debido a que fue asustada terriblemente por uno de ellos, una vez que acudió a una carpa.

Enseguida una vendedora se acercó a ella y le cuestionó si quería conocer a detalle los planes de financiamiento que la agencia de autos ofrecía. Cindy contestó que sí y ambas chicas se fueron a sentar a un escritorio.

Luego de algunos minutos de estar dialogando, la vendedora se levantó y llevó hasta aquel escritorio el contrato del auto nuevo.
Cindy lo firmó gustosa y se retiró de ahí no sin antes preguntar:

– ¿Cuándo puedo venir por mi coche?

– El proceso de aprobación no tarda más de 15 días.

– De acuerdo, aquí nos vemos.

Transcurrido ese lapso de tiempo que le habían dicho y Cindy retornó por su auto. Al llegar a la agencia notó que el payaso ya no estaba en la puerta.

– ¿Qué sucedió con el tipo que repartía la propaganda? Indagó

– Falleció ayer. Un familiar suyo se comunicó a la oficina.

– Es una pena. Dijo. Aunque su subconsciente estaba feliz de la noticia, pues así ya no tendría que ver a ese horrible payaso.

Le entregaron los documentos y subió a su auto. Apenas había avanzado unas pocas cuadras, cuando vio por el retrovisor que en el asiento trasero emergía la figura del arlequín muerto.

El hombre tomó un cordón con ambas manos y estranguló a Cindy vehementemente. Mientras el payaso bajaba de la unidad iba soltando carcajadas grotescas.

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El juego de mesa

El juego de mesa

¿Qué es lo peor que te puede pasar en la noche de brujas? Quedarte castigado en casa por no haber hecho la tarea. Mis padres en ese aspecto eran muy estrictos. Para ellos lo más importante era la educación (desde luego la escolar y los buenos modales) y después la diversión.

A mi hermano y a mí nos dejaron encerrados en el cuarto, sin poder bajar al comedor para disfrutar de ese riquísimo pavo que hacía mi tía Cleta o del delicioso pastel de calabaza que preparaba mí prima Linda.

– ¿Y ahora qué hacemos? Me preguntó mi hermano.

– No hay mucho que hacer, mi papá se llevó la consola de videojuegos y mi mamá desconectó el cable de la televisión. Así que lo único que nos queda es buscar en el armario uno de los juegos de mesa que arrumbamos ahí cada Navidad. Le respondí.

El primer juego de mesa que salió fue uno en el que tienes que dibujar el concepto de la palabra que te toca, para que tu compañero adivine la idea en cuestión. Como sólo éramos dos la habitación, esta función quedaba automáticamente descartada.

Así fuimos eliminando uno a uno los juegos hasta que apareció uno que se titulaba como Cuentos de terror de Halloween. Pese a todo lo que pudiera pensarse, ese juego no tenía nada que ver con la narrativa ni con la creación de historias, sino que su objetivo era el de avanzar a través de un tablero de cartón, sacando diversas tarjetas.

Cada tarjeta tenía el nombre de un relato de terror famoso o de algo relacionado con el tema de las brujas o de los espectros. Empezamos una partida y se nos hizo muy aburrido.

Fue entonces cuando mi hermano vio que dentro de la caja se nos había quedado un mazo de cartas sin abrir. Eran unos pedacitos de cartón muy llamativos, de color naranja y morado. Todos al reverso traía en la inscripción: “No leas en voz alta lo que está escrito del otro lado de esta tarjeta, ya que se volverá realidad”.

Mi hermano agarró una y gritó: ¡Terremoto! Y los cimientos de la casa comenzaron a moverse de una forma brutalmente estrepitosa.

– Deja eso. Mejor lo guardamos. Tengo mucho miedo. Le dije entre sollozos.

Han pasado dos décadas y no hay un solo día en que no recuerde ese acontecimiento.

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La liebre Nozomi

La liebre Nozomi

Martina lloraba por las noches, pues no entendía la razón por la cual su madre la había abandonado. Lo hacía en silencio para no preocupar a su padre, ya que éste se desvivía por hacer que dicha ausencia se notara lo menos posible.

Inclusive antes de ir a la cama, él le leía al menos dos cuentos infantiles cortos, con el fin de que su pequeña tuviera dulces sueños.

Por la mañana, en el trayecto hacia el colegio pasaba invariablemente por una intersección que la llevaba directamente al bosque. Sin embargo, irse de pinta nunca estuvo en sus planes, pues era una de las niñas más aplicadas de su salón.

A pesar de eso, una tarde por ir corriendo, tropezó y rodó colina abajo hacia el bosque. Tardó unos minutos en recobrar la conciencia y antes de que pudiera incorporarse, observó como una pequeña liebre de pelaje blanco se le quedaba viendo fijamente:

– Hola me llamo Nozomi.

La niña quiso gritar, mas no lo consiguió, ya que se había quedado petrificada de la impresión.

– No grites, mi deseo no es hacerte ningún daño. Al contrario, ya van varios meses que te he visto transitar por aquel camino y percibo que tienes una tristeza enorme en el alma que no te deja ser feliz.

Quisiera ser tu amigo, mi mamá me dice que sacar de tu mente lo que te preocupa, es muy bueno para la salud.

– ¿Ves? Tú tienes mamá y yo no. Eso es lo que me hace ponerme triste.

– ¿Tu madre falleció?

– No, solamente nos abandonó a mi padre y a mí.

– Los papás no abandonan a sus hijos. Seguramente lo que le ocurrió a ella es que no estaba lista para afrontar los problemas que sobreviven al formar una familia.

– ¿Qué, entonces quieres decir que si algún día vuelve la tengo que perdonar? No lo creo.

– El que la perdones o no está dentro de tu corazón. Lo único que te sugiero si es que esa situación llega a ocurrir es que le des la oportunidad de explicarte los motivos por los cuales se fue. No estés triste, además de tu padre tienes mucha gente a tu alrededor que te quiere y se preocupa por ti.

Las palabras de la liebre Nozomi resonaron fuertemente en la cabeza de Martina, quien a partir de ese día vio su futuro con otros ojos.

Desde luego, las charlas entre ella y la liebre se hicieron habituales.

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Una atmósfera terrorífica

Una atmósfera terrorífica

El sábado por la noche fui a casa de unos amigos, pues me invitaron a conocer su nuevo departamento. La ubicación donde se encontraba ese domicilio, no me gustaba para nada, ya que se trataba de un sitio prácticamente despoblado.

A pesar de eso, no pude negarme debido a que ellos personalmente pasaron a recogerme en su auto. Llegamos rápidamente y la zona era mucho menos tenebrosa de lo que yo le recordaba, el alumbrado público y los nuevos edificios circundantes hicieron que mis temores se disparan, al menos momentáneamente.

Luego de que concluyó la cena, uno de los presentes dijo que sería divertido pasar el rato escuchando cuentos cortos de terror, a lo que yo le respondí:

– ¡Fantástico! Yo conozco uno que los dejará sin aliento.

Apenas pronuncié un par de palabras de la historia en cuestión, cuando súbitamente la energía eléctrica falló.

– Mejor hablemos de otra cosa. Ya me dio mucho miedo. Exclamó otro de los asistentes.

– Eso fue una coincidencia, continúa por favor. Me dijo la dueña de la casa.

Seguí con la crónica y nada extraño sucedió, hasta que otro de los asistentes tomó la palabra y empezó a contar otra historia distinta. Esta vez, se escuchó que todas las ventanas del apartamento crujían tal y como si estuvieran a punto de romperse.

– ¿No tienen frío? Pregunté tartamudeando.

Más de uno contestó que en efecto, la temperatura había descendido drásticamente. No obstante, volteamos a la chimenea y vimos como los maderos continuaban ardiendo de manera normal.

Posteriormente fue el turno de Andrea, quien también fue interrumpida por unos fuertes golpes que provenían de la puerta trasera.

– Eso es imposible. En el departamento de atrás no vive nadie. Dijo ella.

– ¿Entonces quién o qué está llamando a la puerta? Cuestioné.

– ¡Cómo voy a saber! Pero si quieres acompañarme y averiguamos juntos. Me dijo.

– No gracias. Mejor me quedo aquí. Contesté.

Observé a mi alrededor y vi que todos los asistentes a excepción de Andrea, su marido y yo por supuesto, se habían ocultado en una de las recámaras.

Pasaron varios minutos y la luz regresó. Lo primero que hice fue ir a la puerta trasera, para ver qué fue lo que produjo sus ruidos. Mi sorpresa fue mayúscula al no encontrar a nadie. No obstante, el tapete de la entrada estaba movido y con manchas de lodo.

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El Mago Gitano de los Muñecos

El Mago Gitano de los Muñecos

En los tenderetes, los gitanos recibían a todos con una sonrisa, era imposible contarles, eran cientos de hombres y mujeres en aquel circo gigante compuesto por docenas de tenderetes. Las mujeres usaban su sensualidad para que los hombres casados se acercaran con su familia para verlas y los solteros para prestarles algún servicio a cambio de dinero. Pero ningún tenderete se llenaba más que el del Mago de los Muñecos. Un gitano anciano, sin más vestido que una larga sotana negra y una larga y canosa cabellera, se sentaban y pasaba la noche conversando con sus muñecos, nadie entendía como, pero los muñecos incluso se paraban y cambiaban de sitio. Muñecos de trapo, de madera, comportándose como chicos normales.

Luego, el truco de la noche, el que todos esperaban.

¿Quién quiere experimentar un poco de magia – Gritaba el mago.

Los chicos alzaban la mano, todos querían estar cerca de la verdadera magia, experimentarla. El mago sentaba al chico afortunado en una silla, frente a una bola de cristal negra y del otro lado sentaba a un muñeco. El chico debía poner su mano en la bola y mirarla fijamente mientras el mago ponía la del muñeco, sosteniéndola en la bola mientras decía varias frases extrañas. Al final, el chico retiraba la mano, que caía pesada sobre la mesa y el muñeco comenzaba a hablar con la voz del chico.

Todos aplaudían este momento, daba un poco de miedo pero era increíble ver como el muñeco, el mago o quien estuviese detrás del truco imitaba a la perfección al chico que se había acercado. Nadie se alarmaba a pesar del miedo porque al final, el mago siempre repetía el truco para devolver al chico su ser. Y el chico se levantaba sonriendo de la silla y no pasaba nada. Por lo menos no al momento.

El último día del circo gitano, justo unos minutos antes de partir, comenzaban a llegar chicos, los mismos del truco con el Mago de los Muñecos, se sumaban al campamento para no volver nunca más. Eran espíritus que pagaban con fidelidad al Mago y jefe del campamento por haberles conseguido un cuerpo para vivir como humanos, sumaban cada vez más gente en cada parada. Pero el mago obtenía más. En cada acto, un muñeco cobraba vida con el alma de algún chico que quedaba atrapado, obligado a obedecer al mago por siempre.

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Cihuapipiltin

CihuapipiltinEste era el término que usaban los aztecas para denominar a aquellas mujeres que desafortunadamente habían muerto durante el parto. Vale la pena destacar que las únicas que podían entrar en esta categoría eran quienes estuvieran experimentando su primer embarazo.

En muchos códices y cuentos mexicanos se hace referencia a las características mágicas que los sacerdotes les otorgaban a las Cihuapipiltin. Su rango en ocasiones llegaba a ser equiparable con el de aquellos guerreros aztecas que habían sucumbido en las más violentas batallas.

Por esa razón, eran sepultadas en el mismo lugar que los combatientes. Además, se dice que algunas de ellas tenían la tarea de acompañar al astro rey, es decir, al sol durante su jornada diaria, para que éste no se fuera a extraviar.

Su representación gráfica, nos ofrece aún más particularidades. Por ejemplo, su cabello está adornado con grandes tiras de papel y plumas de aves. Recordemos que esos dos elementos son indicativos de que esas mujeres participaron en un sacrificio, ya que dieron su vida a cambio de traer a un nuevo ser a esta tierra.

Por otra parte, a la altura de los ojos sin vida, se puede ver una línea de color muy semejante a la que podría ser un antifaz moderno. Sobre el pecho llevan varios collares que bien podrían ser de oro macizo.

Desde luego, como en gran parte de las leyendas y mitos prehispánicos, esta historia también tiene su lado terrorífico. Los antiguos afirmaban que estas “diosas de la muerte” bajaban al plano terrenal al menos durante cinco días al año.

En esas fechas, la gente tenía avistamientos de mujeres bajando por el cielo, haciendo hechizos conjuros a cualquiera que se atravesara en su camino.

Finalmente, sólo me resta mencionar a otra clase de Cihuapipiltin, quienes serán conocidas simplemente como tlaciuhqui. Ellas eran capaces de adivinar el futuro con tan sólo tomar entre sus manos un puñado de granos de maíz y arrojarlo sobre una superficie sólida. Existían otras que hacían lo mismo, únicamente que en vez de granos, utilizaban conchas de mar.

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Los muertos vivos en el museo de cera de Estul

Los muertos vivos en el museo de cera de EstulLos jóvenes en la fiesta tomaban esa noche como locos y, luego de muchos, muchos tragos, decidieron comprobar la leyenda del Museo de Cera de Estul, a las afueras de la ciudad. Nunca habían ido siquiera cerca del lugar, pero conocían la historia de oídas:

Estul, muchos años antes, era el vigilante, enterrador y limpiador del cementerio, trabajo que mantuvo hasta que un día, una pareja que buscaba un lugar a solas para estar juntos lo descubrió sacando un cuerpo y llevándolo a su casa, al final del cementerio. Llamaron a la policía, presumiendo el robo de prendas a los muertos, pero lo que encontraron fue mucho más horrendo:

Un extraño ritual de misa negra tenía lugar en la casa del viejo Estul con él como único sacerdote, más de 20 cuerpos, seguramente de enterrados anteriormente, descansaban en sillones; parados, acostados, con lo que parecía cera recubriéndoles el cuerpo. En el piso, frente al viejo, la estrella de cinco puntas marcada con tiza blanca, copas de lo que parecía sangre humana y el enterrador “trabajando” sobre el cuerpo recién desenterrado, cubriéndolo de cera. Varios vecinos de casas ubicadas en la vía al cementerio se habían acercado y pudieron notar lo que hacía el viejo, la cólera por el enfermizo uso de los cuerpos para hacer un museo de cera personal los llevó a golpear al viejo hasta matarlo.

Hoy, la gente que pasaba por el lugar y sobre todo los vecinos de la vía al cementerio, juraban que en las noches en casa de Stul notaban ruido y sombras de gente que caminaba, pero nadie se atrevía a entrar. Los que iban en el día nunca encontraban nada.

Los muchachos se acercaron en el auto, se bajaron fuera del cementerio y caminaron, mientras tomaban de una botella de ron y reían asustándose entre ellos. Al entrar en la casa no notaron nada extraño, 7 u 8 personas charlaban en los muebles y reían. Los habitantes de la casa voltearon con una mirada seria pero, en cuanto los jóvenes decidieron devolverse, les invitaron a pasar ofreciéndoles bebida, mucha bebida… De más está decir que los jóvenes se quedaron tomando en la casa y, al amanecer, ya se marchaban cuando notaron que una de las chicas estaba dormida en un mueble.

No hubo necesidad de tocarla, el brillo que desprendía les hizo saber que ella y poco a poco, todos se iban transformando en muñecos de cera. En la casa de Estul, todos, como muertos vivos pasaron a ser muñecos de cera pero manteniendo siempre su conciencia, de modo que todos se vieron entre ellos derritiéndose mientras el sol de la mañana empezaba a calentar, derritiéndose y hundiéndose entre las grietas de las tablas en el piso, al oscuro mundo de los condenados por los rituales satánicos de Stul y los desafortunados visitantes.

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