El juego de mesa

El juego de mesa

¿Qué es lo peor que te puede pasar en la noche de brujas? Quedarte castigado en casa por no haber hecho la tarea. Mis padres en ese aspecto eran muy estrictos. Para ellos lo más importante era la educación (desde luego la escolar y los buenos modales) y después la diversión.

A mi hermano y a mí nos dejaron encerrados en el cuarto, sin poder bajar al comedor para disfrutar de ese riquísimo pavo que hacía mi tía Cleta o del delicioso pastel de calabaza que preparaba mí prima Linda.

– ¿Y ahora qué hacemos? Me preguntó mi hermano.

– No hay mucho que hacer, mi papá se llevó la consola de videojuegos y mi mamá desconectó el cable de la televisión. Así que lo único que nos queda es buscar en el armario uno de los juegos de mesa que arrumbamos ahí cada Navidad. Le respondí.

El primer juego de mesa que salió fue uno en el que tienes que dibujar el concepto de la palabra que te toca, para que tu compañero adivine la idea en cuestión. Como sólo éramos dos la habitación, esta función quedaba automáticamente descartada.

Así fuimos eliminando uno a uno los juegos hasta que apareció uno que se titulaba como Cuentos de terror de Halloween. Pese a todo lo que pudiera pensarse, ese juego no tenía nada que ver con la narrativa ni con la creación de historias, sino que su objetivo era el de avanzar a través de un tablero de cartón, sacando diversas tarjetas.

Cada tarjeta tenía el nombre de un relato de terror famoso o de algo relacionado con el tema de las brujas o de los espectros. Empezamos una partida y se nos hizo muy aburrido.

Fue entonces cuando mi hermano vio que dentro de la caja se nos había quedado un mazo de cartas sin abrir. Eran unos pedacitos de cartón muy llamativos, de color naranja y morado. Todos al reverso traía en la inscripción: “No leas en voz alta lo que está escrito del otro lado de esta tarjeta, ya que se volverá realidad”.

Mi hermano agarró una y gritó: ¡Terremoto! Y los cimientos de la casa comenzaron a moverse de una forma brutalmente estrepitosa.

– Deja eso. Mejor lo guardamos. Tengo mucho miedo. Le dije entre sollozos.

Han pasado dos décadas y no hay un solo día en que no recuerde ese acontecimiento.

Esta entrada fue publicada en Leyendas de terror. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *