El Mago Gitano de los Muñecos

El Mago Gitano de los Muñecos

En los tenderetes, los gitanos recibían a todos con una sonrisa, era imposible contarles, eran cientos de hombres y mujeres en aquel circo gigante compuesto por docenas de tenderetes. Las mujeres usaban su sensualidad para que los hombres casados se acercaran con su familia para verlas y los solteros para prestarles algún servicio a cambio de dinero. Pero ningún tenderete se llenaba más que el del Mago de los Muñecos. Un gitano anciano, sin más vestido que una larga sotana negra y una larga y canosa cabellera, se sentaban y pasaba la noche conversando con sus muñecos, nadie entendía como, pero los muñecos incluso se paraban y cambiaban de sitio. Muñecos de trapo, de madera, comportándose como chicos normales.

Luego, el truco de la noche, el que todos esperaban.

¿Quién quiere experimentar un poco de magia – Gritaba el mago.

Los chicos alzaban la mano, todos querían estar cerca de la verdadera magia, experimentarla. El mago sentaba al chico afortunado en una silla, frente a una bola de cristal negra y del otro lado sentaba a un muñeco. El chico debía poner su mano en la bola y mirarla fijamente mientras el mago ponía la del muñeco, sosteniéndola en la bola mientras decía varias frases extrañas. Al final, el chico retiraba la mano, que caía pesada sobre la mesa y el muñeco comenzaba a hablar con la voz del chico.

Todos aplaudían este momento, daba un poco de miedo pero era increíble ver como el muñeco, el mago o quien estuviese detrás del truco imitaba a la perfección al chico que se había acercado. Nadie se alarmaba a pesar del miedo porque al final, el mago siempre repetía el truco para devolver al chico su ser. Y el chico se levantaba sonriendo de la silla y no pasaba nada. Por lo menos no al momento.

El último día del circo gitano, justo unos minutos antes de partir, comenzaban a llegar chicos, los mismos del truco con el Mago de los Muñecos, se sumaban al campamento para no volver nunca más. Eran espíritus que pagaban con fidelidad al Mago y jefe del campamento por haberles conseguido un cuerpo para vivir como humanos, sumaban cada vez más gente en cada parada. Pero el mago obtenía más. En cada acto, un muñeco cobraba vida con el alma de algún chico que quedaba atrapado, obligado a obedecer al mago por siempre.

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