Falso diagnostico

cuentos falso diagnostico

A fechas recientes cada miembro de la familia había sido presa de una terrible depresión, mientras que unos a bases de medicamentos lograron salir de su casa, otros ni de su cama podían levantarse. Luego comenzaron a escuchar ruidos por todo la casa e incluso oír voces ajenas a los parientes, la cuales les llamaban por su nombre. Esto los llevó a ser diagnosticados con esquizofrenia e iniciar una vida totalmente diferente.

Pero a pesar de todos los esfuerzos por parte de la familia y los médicos, las cosas seguían igual, las voces cada vez se volvían más insistentes y se hicieron acompañar por sombras que rondaban a cualquier hora, a mayores síntomas, más tratamiento, pero nada de progreso.

Las sombras mostraron después rostro, y pronto comenzaron a herirlos. Los doctores que seguían su caso, pensaron que tres de los cinco miembros de la familia habían intentado quitarse la vida. Así que los internaron en un hospital psiquiátrico, dejando solamente a madre e hija en casa.

Acordaron entonces por el miedo que sentían dormir juntas en la misma habitación, escogieron la más grande y se mudaron ahí cerrando el resto de los cuartos con llave. Era la primera noche que pasaban solas, cualquier ruido las alteraba, no querían cerrar los ojos, pero el sueño las vencía, así que terminaron por ceder. Cuando parecía que dormían muy tranquilas, el murmullo de una niña les llegó hasta los oídos: -Despierta, despierta, he venido a jugar contigo-. Fueron necesarios varios llamados para que las dos despertaran y apreciaran sobre su rostro, una pequeña formada de humo, que huyó al ser vista y dejó un rastro de cenizas.

Las manchas las llevaron hasta un grieta en la pared exterior de su casa, dentro se miraba algo incrustado. Era una bolsa roja, con unos pequeños huesecillos y algo de tierra… sin duda un embrujo para introducir en su casa un ente maligno que les robara todas las ganas de vivir, porque en cuanto fueron a bendecirlo y enterrarlo en el camposanto por consejo del padre de la parroquia, no hubo más sombras ni voces o algún rastro de que estuviesen enfermos de esquizofrenia.


Esta entrada fue publicada en Cuentos. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *