La liebre Nozomi

La liebre Nozomi

Martina lloraba por las noches, pues no entendía la razón por la cual su madre la había abandonado. Lo hacía en silencio para no preocupar a su padre, ya que éste se desvivía por hacer que dicha ausencia se notara lo menos posible.

Inclusive antes de ir a la cama, él le leía al menos dos cuentos infantiles cortos, con el fin de que su pequeña tuviera dulces sueños.

Por la mañana, en el trayecto hacia el colegio pasaba invariablemente por una intersección que la llevaba directamente al bosque. Sin embargo, irse de pinta nunca estuvo en sus planes, pues era una de las niñas más aplicadas de su salón.

A pesar de eso, una tarde por ir corriendo, tropezó y rodó colina abajo hacia el bosque. Tardó unos minutos en recobrar la conciencia y antes de que pudiera incorporarse, observó como una pequeña liebre de pelaje blanco se le quedaba viendo fijamente:

– Hola me llamo Nozomi.

La niña quiso gritar, mas no lo consiguió, ya que se había quedado petrificada de la impresión.

– No grites, mi deseo no es hacerte ningún daño. Al contrario, ya van varios meses que te he visto transitar por aquel camino y percibo que tienes una tristeza enorme en el alma que no te deja ser feliz.

Quisiera ser tu amigo, mi mamá me dice que sacar de tu mente lo que te preocupa, es muy bueno para la salud.

– ¿Ves? Tú tienes mamá y yo no. Eso es lo que me hace ponerme triste.

– ¿Tu madre falleció?

– No, solamente nos abandonó a mi padre y a mí.

– Los papás no abandonan a sus hijos. Seguramente lo que le ocurrió a ella es que no estaba lista para afrontar los problemas que sobreviven al formar una familia.

– ¿Qué, entonces quieres decir que si algún día vuelve la tengo que perdonar? No lo creo.

– El que la perdones o no está dentro de tu corazón. Lo único que te sugiero si es que esa situación llega a ocurrir es que le des la oportunidad de explicarte los motivos por los cuales se fue. No estés triste, además de tu padre tienes mucha gente a tu alrededor que te quiere y se preocupa por ti.

Las palabras de la liebre Nozomi resonaron fuertemente en la cabeza de Martina, quien a partir de ese día vio su futuro con otros ojos.

Desde luego, las charlas entre ella y la liebre se hicieron habituales.

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