Los muertos vivos en el museo de cera de Estul

Los muertos vivos en el museo de cera de EstulLos jóvenes en la fiesta tomaban esa noche como locos y, luego de muchos, muchos tragos, decidieron comprobar la leyenda del Museo de Cera de Estul, a las afueras de la ciudad. Nunca habían ido siquiera cerca del lugar, pero conocían la historia de oídas:

Estul, muchos años antes, era el vigilante, enterrador y limpiador del cementerio, trabajo que mantuvo hasta que un día, una pareja que buscaba un lugar a solas para estar juntos lo descubrió sacando un cuerpo y llevándolo a su casa, al final del cementerio. Llamaron a la policía, presumiendo el robo de prendas a los muertos, pero lo que encontraron fue mucho más horrendo:

Un extraño ritual de misa negra tenía lugar en la casa del viejo Estul con él como único sacerdote, más de 20 cuerpos, seguramente de enterrados anteriormente, descansaban en sillones; parados, acostados, con lo que parecía cera recubriéndoles el cuerpo. En el piso, frente al viejo, la estrella de cinco puntas marcada con tiza blanca, copas de lo que parecía sangre humana y el enterrador “trabajando” sobre el cuerpo recién desenterrado, cubriéndolo de cera. Varios vecinos de casas ubicadas en la vía al cementerio se habían acercado y pudieron notar lo que hacía el viejo, la cólera por el enfermizo uso de los cuerpos para hacer un museo de cera personal los llevó a golpear al viejo hasta matarlo.

Hoy, la gente que pasaba por el lugar y sobre todo los vecinos de la vía al cementerio, juraban que en las noches en casa de Stul notaban ruido y sombras de gente que caminaba, pero nadie se atrevía a entrar. Los que iban en el día nunca encontraban nada.

Los muchachos se acercaron en el auto, se bajaron fuera del cementerio y caminaron, mientras tomaban de una botella de ron y reían asustándose entre ellos. Al entrar en la casa no notaron nada extraño, 7 u 8 personas charlaban en los muebles y reían. Los habitantes de la casa voltearon con una mirada seria pero, en cuanto los jóvenes decidieron devolverse, les invitaron a pasar ofreciéndoles bebida, mucha bebida… De más está decir que los jóvenes se quedaron tomando en la casa y, al amanecer, ya se marchaban cuando notaron que una de las chicas estaba dormida en un mueble.

No hubo necesidad de tocarla, el brillo que desprendía les hizo saber que ella y poco a poco, todos se iban transformando en muñecos de cera. En la casa de Estul, todos, como muertos vivos pasaron a ser muñecos de cera pero manteniendo siempre su conciencia, de modo que todos se vieron entre ellos derritiéndose mientras el sol de la mañana empezaba a calentar, derritiéndose y hundiéndose entre las grietas de las tablas en el piso, al oscuro mundo de los condenados por los rituales satánicos de Stul y los desafortunados visitantes.

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