Tres pasos en la oscuridad

tres pasos en la oscuridad cuentos de terrorLos chicos conocían muy bien las terribles cosas que se decían sobre aquella fábrica, habían crecido escuchando historias sobre muertos, desaparecidos, fantasma y demás eventos sobrenaturales. Aun así, se retaban unos a otros, tratando de descubrir quién era el más valiente. Constantemente se les veía rondar los alrededores ya entrada la noche, pero siempre había algún ojo vigilante que los reprendiera antes de empezar con sus travesuras.

Sin embargo era tal su insistencia, que un día por fin lograron escabullirse y llegar hasta la cerca que rodeaba el inmueble, la saltaron sin problemas y llegaron hasta la puerta. El reto era sencillo, el que pudiera dar tres pasos en la oscuridad sin iluminarse de alguna forma, ganaría el título del más valiente.

Uno a otro se retaban y se cedían el turno, pero ninguno de ellos daba siquiera el primer paso. Tras discutir y burlarse de sí mismos por algunos minutos, decidieron entrar todos juntos. Dejaron las lámparas afuera, también encendedores y celulares, cualquier cosa que pudiera servirles para alumbra un poco el camino.

Pasaron el umbral al mismo tiempo, entonces desde el fondo del largo pasillo, se escuchó una lejana voz diciendo: —Con un paso me despierto—, los chicos dieron la vuelta de inmediato envueltos en gritos y dispuestos a salir corriendo, pero la pesada puerta que lucía trabada se cerró suavemente detrás de ellos sin que se dieran cuenta, no hubo ningún crujido o rechinido, simplemente estaba sellada, como si nunca se hubiera abierto.

A continuación, nuevamente escucharon desde el fondo, pero esta vez más cerca: —Con dos me levanto—, los chicos casi desfallecían, querían huir, pero la oscuridad no les permitía saber hacia dónde. Finalmente, tras unos minutos de silencio, los chicos quedaron inmóviles, cuando por tercera vez la voz se dirigió a ellos diciendo: —Con tres, voy por ustedes, ¿Quién será el valiente?—. Pudieron sentir la presencia muy cerca de ellos, incluso ver su frio aliento a solo unos milímetros de su cara mientras hablaba.

Esa noche no hubo ningún valiente, permanecieron inmóviles ahí sujetos unos de otros, hasta desfallecer. Los encontraron días después gracias a los objetos que dejaron fuera de la fábrica. Estaban todos tirados en el suelo, con la mirada perdida y después de tal experiencia, no volvieron a dar un paso, quedaron postrados en la cama de un hospital psiquiátrico.

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