Una atmósfera terrorífica

Una atmósfera terrorífica

El sábado por la noche fui a casa de unos amigos, pues me invitaron a conocer su nuevo departamento. La ubicación donde se encontraba ese domicilio, no me gustaba para nada, ya que se trataba de un sitio prácticamente despoblado.

A pesar de eso, no pude negarme debido a que ellos personalmente pasaron a recogerme en su auto. Llegamos rápidamente y la zona era mucho menos tenebrosa de lo que yo le recordaba, el alumbrado público y los nuevos edificios circundantes hicieron que mis temores se disparan, al menos momentáneamente.

Luego de que concluyó la cena, uno de los presentes dijo que sería divertido pasar el rato escuchando cuentos cortos de terror, a lo que yo le respondí:

– ¡Fantástico! Yo conozco uno que los dejará sin aliento.

Apenas pronuncié un par de palabras de la historia en cuestión, cuando súbitamente la energía eléctrica falló.

– Mejor hablemos de otra cosa. Ya me dio mucho miedo. Exclamó otro de los asistentes.

– Eso fue una coincidencia, continúa por favor. Me dijo la dueña de la casa.

Seguí con la crónica y nada extraño sucedió, hasta que otro de los asistentes tomó la palabra y empezó a contar otra historia distinta. Esta vez, se escuchó que todas las ventanas del apartamento crujían tal y como si estuvieran a punto de romperse.

– ¿No tienen frío? Pregunté tartamudeando.

Más de uno contestó que en efecto, la temperatura había descendido drásticamente. No obstante, volteamos a la chimenea y vimos como los maderos continuaban ardiendo de manera normal.

Posteriormente fue el turno de Andrea, quien también fue interrumpida por unos fuertes golpes que provenían de la puerta trasera.

– Eso es imposible. En el departamento de atrás no vive nadie. Dijo ella.

– ¿Entonces quién o qué está llamando a la puerta? Cuestioné.

– ¡Cómo voy a saber! Pero si quieres acompañarme y averiguamos juntos. Me dijo.

– No gracias. Mejor me quedo aquí. Contesté.

Observé a mi alrededor y vi que todos los asistentes a excepción de Andrea, su marido y yo por supuesto, se habían ocultado en una de las recámaras.

Pasaron varios minutos y la luz regresó. Lo primero que hice fue ir a la puerta trasera, para ver qué fue lo que produjo sus ruidos. Mi sorpresa fue mayúscula al no encontrar a nadie. No obstante, el tapete de la entrada estaba movido y con manchas de lodo.

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